Malvina permanecía de pie junto al cuerpo de su amiga. El ventilador de pie giraba de lado a lado, emitiendo un sonido parecido al de un murmullo. A Rodolfo se le despeinaban los pocos pelos que le quedaban en la cabeza cada vez que el artefacto giraba hacia él y eso, lejos de aliviarle el calor, lo incomodaba. Sentía que hasta el mismísimo aparato se volteaba a acusarlo, no por su participación en el hecho, sino por la obediencia absoluta que tenía hacia Malvina.
- Y, ahora ¿qué?- preguntó entonces, intentando romper con ese escenario tan siniestro, como lo era el de los asesinos admirando el resultado del crimen recién cometido.
- Y ahora hacemos lo que dijimos- respondió ella, sin quitar los ojos de encima del cuerpo, como quien no puede evitar sentirse orgulloso por la rotundez de su accionar.
Rodolfo se puso de pie y se tomó la cabeza con las manos, en un vano intento por borrar lo hecho.
- Tengo miedo- susurró. Pero Malvina no se inmutó. Supuso que no lo habría escuchado. – Tengo miedo- repitió. Entonces la mujer de volvió hacia él con una mirada rabiosa en los ojos.
- Ya te oí. Ahora hacé el favor de buscar a Carlos.
Rodolfo se alejó por el angosto pasillo hasta desaparecer. Malvina se volteó a mirar nuevamente el cuerpo que descansaba sobre la cama. Tomó asiento junto a ella y, con suavidad, comenzó a acariciarle el rostro.
- Todavía estás tibia- murmuró. – Ya se te va a pasar, no te preocupes. Prontito vas a estar fría y dura como el mármol. ¿O te pensaste que iba a ser muy difícil sacarte del medio? ¿Eh? Te creíste muy inteligente y muy astuta, ¿no es cierto? Pero ya ves… hasta él estuvo de acuerdo con todo esto. Por algo será, ¿no te parece?
Al rato, se oyeron pasos firmes acercarse a la habitación. Carlos entró seguido de Rodolfo, y se detuvo a los pies de la cama.
- No sé qué pasó- comenzó a decir Malvina con la voz entrecortada. – Dijo que se sentía mal y que quería acostarse. Rodo vino a ver cómo estaba y no la pudo despertar.
- Y vos, ¿qué hacías acá?- preguntó el hombre con absoluta calma.
- Estábamos los tres almorzando- respondió ella.
Carlos se volvió a mirar a Rodolfo, y vio una gota de sudor caer por su patilla.
- ¿Hoy tomó sus medicamentos?- lo interrogó con seriedad
- Sí, se los di como siempre.
Carlos se aproximó hacia Malvina y le ordenó con un movimiento de manos que se apartara.
- Estaba muy mal estos últimos días. Ya casi no se le entendía cuando hablaba- dijo Rodolfo, mientras veía cómo Carlos la examinaba.
-¿Vos crees que haya hecho esto a propósito?- preguntó Malvina. Pero Carlos no respondió. Tomó la mano aún tibia del cuerpo blando y permaneció con la mirada fija en ella.
- Carlos…-dijo Rodolfo, ansioso ante una respuesta.
- Alma está bien. No tiene nada.
Malvina y su cómplice se miraron en silencio.
- No te olvides, amor mío, de que el farmacéutico soy yo- dijo sonriente, y entonces dirigió su mirada hacia la mujer que aún permanecía acostada pero que, lentamente, comenzaba a abrir los ojos y a esbozar una sonrisa.
- Y, ahora ¿qué?- preguntó entonces, intentando romper con ese escenario tan siniestro, como lo era el de los asesinos admirando el resultado del crimen recién cometido.
- Y ahora hacemos lo que dijimos- respondió ella, sin quitar los ojos de encima del cuerpo, como quien no puede evitar sentirse orgulloso por la rotundez de su accionar.
Rodolfo se puso de pie y se tomó la cabeza con las manos, en un vano intento por borrar lo hecho.
- Tengo miedo- susurró. Pero Malvina no se inmutó. Supuso que no lo habría escuchado. – Tengo miedo- repitió. Entonces la mujer de volvió hacia él con una mirada rabiosa en los ojos.
- Ya te oí. Ahora hacé el favor de buscar a Carlos.
Rodolfo se alejó por el angosto pasillo hasta desaparecer. Malvina se volteó a mirar nuevamente el cuerpo que descansaba sobre la cama. Tomó asiento junto a ella y, con suavidad, comenzó a acariciarle el rostro.
- Todavía estás tibia- murmuró. – Ya se te va a pasar, no te preocupes. Prontito vas a estar fría y dura como el mármol. ¿O te pensaste que iba a ser muy difícil sacarte del medio? ¿Eh? Te creíste muy inteligente y muy astuta, ¿no es cierto? Pero ya ves… hasta él estuvo de acuerdo con todo esto. Por algo será, ¿no te parece?
Al rato, se oyeron pasos firmes acercarse a la habitación. Carlos entró seguido de Rodolfo, y se detuvo a los pies de la cama.
- No sé qué pasó- comenzó a decir Malvina con la voz entrecortada. – Dijo que se sentía mal y que quería acostarse. Rodo vino a ver cómo estaba y no la pudo despertar.
- Y vos, ¿qué hacías acá?- preguntó el hombre con absoluta calma.
- Estábamos los tres almorzando- respondió ella.
Carlos se volvió a mirar a Rodolfo, y vio una gota de sudor caer por su patilla.
- ¿Hoy tomó sus medicamentos?- lo interrogó con seriedad
- Sí, se los di como siempre.
Carlos se aproximó hacia Malvina y le ordenó con un movimiento de manos que se apartara.
- Estaba muy mal estos últimos días. Ya casi no se le entendía cuando hablaba- dijo Rodolfo, mientras veía cómo Carlos la examinaba.
-¿Vos crees que haya hecho esto a propósito?- preguntó Malvina. Pero Carlos no respondió. Tomó la mano aún tibia del cuerpo blando y permaneció con la mirada fija en ella.
- Carlos…-dijo Rodolfo, ansioso ante una respuesta.
- Alma está bien. No tiene nada.
Malvina y su cómplice se miraron en silencio.
- No te olvides, amor mío, de que el farmacéutico soy yo- dijo sonriente, y entonces dirigió su mirada hacia la mujer que aún permanecía acostada pero que, lentamente, comenzaba a abrir los ojos y a esbozar una sonrisa.

1 comentario:
Muy bueno.
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