Si Justina no encuentra la foto de la playa, Amanda va a saber qué hacer. Va a saber que tiene que apuntar primero, y disparar después.
Si Justina no encuentra la foto de la playa, Segundo va a salir por la puerta de la casa, como todos los días, camino al restaurant. Será puntual hasta el último día de su vida. Amanda permanecerá escondida detrás de los cipreses nevados, y Segundo no podrá notar su presencia. Tampoco va a saber quién apretó el gatillo, sino hasta que caiga tendido sobre el césped blanco y escuche los pasos aproximarse a su cuerpo agónico. Entonces, una mancha roja se esparcirá sobre la blancura inmaculada de su muerte, y podrá ver a los ojos a la amante despechada. Segundo permanecerá inmóvil, respirando lenta y pausadamente, para controlar el frío y el dolor. Va a preguntarse cómo lo encontró, e intentará en vano obtener una respuesta. No va a poder hablar, y Amanda no lo va a obligar. En cambio, lo mirará morir, y mientras tanto, recordará el día en que se conocieron. Recordará la calurosa costa italiana, temprano a la mañana, luego de la fiesta. Recordará que se miraron toda la noche, y que lo vio alejarse de la muchedumbre rumbo al mar. Y recordará el momento en que siguió sus pisadas en la arena, hasta encontrarlo de pie en la orilla, admirando el amanecer. Amanda dejará caer una lágrima al recordar las primeras palabras: “Te estuve esperando”. Y las repetirá con desconsuelo.
Segundo, en cambio, recordará con angustia la mentira. Mirará al cielo y no verá más que los solemnes pinos contemplar su muerte muda. Recordará la mirada de Justina. Su mirada siempre calma, ajena a la traición. Recordará los intentos por confesarse, y se arrepentirá de haberse acobardado cada vez. Se inquietará al pensar en el momento en el que ella salga corriendo de la casa al escuchar el disparo, pero más lo inquietará no poder explicar nada. Ya estará muerto, y su asesina se habrá fugado, dejando tras de sí la estampa de sus huellas sobre el jardín nevado.
Pero si Justina encuentra la foto de la playa, Amanda esperará en vano detrás de los cipreses a que Segundo salga, como todos los días, camino al restaurant. Si Justina encuentra la foto de la playa, Segundo no sabrá jamás quién lo atacó. Será Justina la única que sabrá qué hacer si encuentra la foto, cuando tome el cuchillo y, nueva dueña de toda verdad, lo inserte en la espalda del marido infiel.
Si Justina no encuentra la foto de la playa, Segundo va a salir por la puerta de la casa, como todos los días, camino al restaurant. Será puntual hasta el último día de su vida. Amanda permanecerá escondida detrás de los cipreses nevados, y Segundo no podrá notar su presencia. Tampoco va a saber quién apretó el gatillo, sino hasta que caiga tendido sobre el césped blanco y escuche los pasos aproximarse a su cuerpo agónico. Entonces, una mancha roja se esparcirá sobre la blancura inmaculada de su muerte, y podrá ver a los ojos a la amante despechada. Segundo permanecerá inmóvil, respirando lenta y pausadamente, para controlar el frío y el dolor. Va a preguntarse cómo lo encontró, e intentará en vano obtener una respuesta. No va a poder hablar, y Amanda no lo va a obligar. En cambio, lo mirará morir, y mientras tanto, recordará el día en que se conocieron. Recordará la calurosa costa italiana, temprano a la mañana, luego de la fiesta. Recordará que se miraron toda la noche, y que lo vio alejarse de la muchedumbre rumbo al mar. Y recordará el momento en que siguió sus pisadas en la arena, hasta encontrarlo de pie en la orilla, admirando el amanecer. Amanda dejará caer una lágrima al recordar las primeras palabras: “Te estuve esperando”. Y las repetirá con desconsuelo.
Segundo, en cambio, recordará con angustia la mentira. Mirará al cielo y no verá más que los solemnes pinos contemplar su muerte muda. Recordará la mirada de Justina. Su mirada siempre calma, ajena a la traición. Recordará los intentos por confesarse, y se arrepentirá de haberse acobardado cada vez. Se inquietará al pensar en el momento en el que ella salga corriendo de la casa al escuchar el disparo, pero más lo inquietará no poder explicar nada. Ya estará muerto, y su asesina se habrá fugado, dejando tras de sí la estampa de sus huellas sobre el jardín nevado.
Pero si Justina encuentra la foto de la playa, Amanda esperará en vano detrás de los cipreses a que Segundo salga, como todos los días, camino al restaurant. Si Justina encuentra la foto de la playa, Segundo no sabrá jamás quién lo atacó. Será Justina la única que sabrá qué hacer si encuentra la foto, cuando tome el cuchillo y, nueva dueña de toda verdad, lo inserte en la espalda del marido infiel.

No hay comentarios:
Publicar un comentario