miércoles, 3 de septiembre de 2008

La antesala



Mi nombre es Pedro y no puedo moverme. Puedo recordar, puedo hablar conmigo mismo, pero no puedo moverme. Hoy desperté con un dolor más agudo que antes. Hoy me siento realmente incómodo. Debe ser la posición. Ya no tolero esta posición. Siento una rigidez insoportable en cada músculo del cuerpo y, por momentos, dudo sobre si aún poseo algún miembro. No sé si los días son cortos o si así lo parecen por las pausas de mi sueño. No sé si es de día o de noche, porque las persianas casi siempre están bajas. Cada vez pasan más tiempo cerradas.
- ¡Hola! Por favor… ¿Me oyen? ¡Hola!

Mi nombre es Pedro y no puedo moverme. Al menos hoy puedo ver algo, pero no puedo moverme. Por momentos unos tímidos pero valientes rayos de sol logran filtrarse por entre las ranuras. La sombra absoluta devoró todo, hasta mi noción del tiempo. Y este silencio. Esta mudez tan rotunda que parece que me grita en el oído. Me concentro en sacudirme un poco. Quiero sacudir el cuerpo. Mejor trato de mover las manos a ver si logro tocar algo, pero tampoco puedo. Pasé tanto tiempo acá encerrado, inmóvil, que ya dejé de sentirlas. No me sirven. Da lo mismo si no las tuviera. Bien podrían haberlas amputado que no podría notar la diferencia. Aunque pudiera moverme, no lograría nunca salir de acá por mis propios medios. Voy a seguir recluido hasta que ella lo decida. Ya todo depende de ella.

Mi nombre es Pedro y no puedo moverme. Puedo sentir frío y calor, pero no puedo moverme. Hoy hace frío. O mejor dicho, tengo frío. No sé si es verano o invierno. Debe ser invierno, porque creo que llovió mucho últimamente. Aunque quizás sea la llegada de la primavera. Siempre llueve en esa época.

Hay alguien del otro lado de la puerta. Alguien se acerca. Puedo sentirlo.
- ¿Hola? ¿Estás ahí?... ¡Sacame de acá! ¿Hola? ¿Me escuchás? ¡Sacame de acá!

No me equivoqué. Había alguien. Debe haber sido ella. Seguro me escuchó llamarla y se alejó. Me evade, desvía su atención. Sabe que no puede evitarme eternamente ¿Se piensa que al dejarme acá encerrado va a lograr olvidarse de que todavía estoy vivo? Qué ingenua. La creí más astuta. La sobreestimé. Pero en este último tiempo demostró ser una cobarde. ¿Hasta cuándo se piensa que va a poder evitar lo inevitable? Alguna vez va a tener que acercarse lo suficiente. Ahí la voy a ver, cara a cara, bien de cerca. La voy a mirar a los ojos, y voy a exigirle que haga lo mismo, cobarde.

Sólo se dedica a merodear del otro lado. Va y viene. La siento acercarse, sigilosamente, como hizo recién. Se aproxima lo suficiente, pero nunca entra. Debe estar esperando que no la llame más para poder entrar. Quiere tomarme por sorpresa. Sabe que soy Pedro y que no puedo moverme. Entonces va a entrar. Y no voy a poder enfrentarla más que con la mirada fija en sus ojos. Pero con eso va a ser suficiente. Quiero verla bien de cerca antes de que me saque de acá. Se hace esperar. Es cruel, porque sabe que la ansío, y eso es lo que más disfruta.

Ahí está otra vez. ¡Ahí está! Mejor me quedo mudo, como ella, y espero. Ahí está. Pero no entró. No, sí entró. Se acerca, muy despacio, por la oscuridad siniestra. ¿Cómo entró? ¿Por dónde entró? Hay un olor denso. Se hace más fuerte a medida que se acerca. Ingenua. Se pensó que no me iba a dar cuenta. Tardó mucho en aproximarse lo suficiente como para que la oliera, pero sé que es ella. Ya está junto a mí. No sé si tengo los ojos abiertos, pero puedo verla. Tiene la mirada blanca y brillante.

- Sabía que eras vos- le digo. Se sonríe con satisfacción. Todos deben saber quién es cuando la sienten llegar, pero pocos se atreven a mirarla fijo. Yo no le tengo miedo. Por el contrario, la estuve esperando. Ahora quiero que me saque de acá. Se acerca aún más, y me roza los labios. El brillo en su mirada se va haciendo más claro, y de a poco empiezo a ver mejor. Voy saliendo de a poco y hasta creo que puedo moverme. Sí, salgo despacio. Soy Pedro y ya puedo moverme. Puedo ver, sentir y hasta creo que puedo escuchar. Soy libre. Ya no siento dolor, ni frío, y me envuelve una tibieza absoluta. Me sonríe. Me mira y me sonríe. Otra vez ese olor. Y ese sabor... Él anticipó su dulzura. Y es verdad. Es dulce; y lo cruel, es su antesala.

No hay comentarios: